Las diez claves de la educación en Finlandia

El sistema educativo finlandés está considerado uno de los mejores del mundo, especialmente por sus buenos resultados en los Informes Pisa, la evaluación que realiza la OCDE cada tres años. ¿A qué se debe? Te explicamos algunas características esenciales de la educación en el país nórdico que pueden contribuir a explicar su éxito y servirnos para reflexionar sobre nuestro propio sistema de enseñanza.

DIEZ PILARES DEL SISTEMA EDUCATIVO FINLANDÉS

1. Los docentes son profesionales valorados. La educación es una profesión con prestigio y los profesores tienen gran autoridad en la escuela y en la sociedad. El equivalente a Magisterio en Finlandia es una titulación complicada, exigente y larga, que además incluye entrevistas personales, por lo que los maestros son profesionales muy bien preparados y vocacionales.  

2. La educación es gratuita y, por lo tanto, accesible a todos. El sistema educativo público establece que la educación es obligatoria y gratuita entre los 7 y los 16 años y debe ser impartida por centros públicos. Tampoco se paga por los libros ni por el material escolar, y todos los niños reciben una comida caliente al día en el colegio, también gratuita. En el caso de que el niño viva a más de 5 kilómetros del centro escolar, el municipio debe organizar y pagar el transporte.

3. El reparto del dinero público se hace de forma equitativa. Los fondos estatales se reparten de forma justa entre los centros. Hay una base de subvención común para todos pero la cifra final varía atendiendo a las necesidades de cada uno, de manera que se compense a aquellos con más carencias para equipararlos al resto. La igualdad de oportunidades es un valor esencial.

4. El currículo es común pero los centros se organizan. Cada escuela y sus profesores diseñan y organizan el currículo (aunque tiene unas líneas generales y un marco común para todos) y se planifican para conseguir los logros establecidos como mejor consideren.

5. La educación se personaliza. Desde los primeros cursos se interviene para apoyar a los alumnos con necesidades especiales, con lo que se evita que sus dificultades aumenten con los años y se minimizan los porcentajes de fracaso escolar. Se respeta el ritmo de aprendizaje de cada niño y se huye de las pruebas y actividades estandarizadas. Además, los profesores suelen ocuparse del mismo grupo desde 1.º (7 años) hasta 6.º (12 años), lo que ayuda a que los conozcan mucho mejor.

6. Los alumnos tienen tiempo para todo. La educación se toma en serio pero también se da importancia al juego y al descanso. Los niños no comienzan el colegio hasta los 7 años, momento en el que se les considera maduros para aprender. Además, las jornadas lectivas son más cortas. Los estudiantes de Primaria tienen solo 3 o 4 clases al día, con descansos de 15 minutos entre cada una de ellas a los que se suma el descanso para comer. Apenas hay deberes, el trabajo se hace en clase, no en casa.

7. Preparar la clase es parte de la jornada laboral. Los profesores no imparten tantas horas de clase como en otros países, sino que el tiempo que pasan en el aula es más reducido y destinan las horas restantes a preparar sus lecciones, investigar, organizarse o trabajar de forma colaborativa con otros docentes.

8. Se evita la competencia y las cifras. Los estudiantes no hacen exámenes ni reciben calificaciones hasta 5.º curso (11 años) y los informes que el profesor elabora para los padres son descriptivos, no numéricos.

9. Se premia la curiosidad y la participación. La imaginación y la capacidad de emprendimiento son muy apreciadas en la sociedad finlandesa, abundan los profesionales de campos artísticos y creativos y también los de tecnología e ingeniería. Esto también se fomenta en la educación, donde se valora la creatividad, la experimentación y la colaboración por encima de la memorización y las lecciones magistrales.

10. Los padres se implican. La sociedad y las familias consideran que la educación es fundamental y la complementan con actividades culturales. A esto contribuyen las ayudas que reciben los padres para la conciliación de la vida laboral y familiar, para que dispongan de más tiempo con sus hijos.

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Visto en: http://www.aulaplaneta.com/2015/01/22/noticias-sobre-educacion/las-diez-claves-de-la-educacion-en-finlandia/

Los culpables de lo que pasa en la educación no son los maestros, es el sistema.

El sociólogo francés Alain Touraine reflexiona sobre del papel de la educación, la escuela y los maestros en el modelo social que describe para nuestros tiempos.

Sus 91 años no le impiden seguir pensando y compartiendo con claridad y lucidez sus ideas acerca de la sociedad que viene. El sociólogo francés, uno de los máximos representantes del pensamiento europeo y premio Príncipe de Asturias 2010 junto a Zygmund Bauman, advierte que hemos pasado de una sociedad posindustrial a un modelo postsocial donde la sociedad, tal y como la conocemos, se descompone en favor de un sistema donde predomina el individualismo. Durante su visita a Barcelona con motivo de la conferencia Encuentros BCN reflexiona en exclusiva para AIKA acerca de la educación que viene:

Ayer pensaba que no podría dar una conferencia en español, estaba casi seguro de que me iban a salir puras palabras italianas, porque actualmente hablo italiano todos los días y español casi nunca. Estaba un poco asustado, la verdad, pero ha funcionado.

Le escuché y se le entendió perfectamente. Ha explicado que lo social ha desaparecido, y que hemos de pensar en términos individuales.

¿Cómo encaja la educación en el paradigma que usted plantea?

Es muy sencillo. La educación en nuestras sociedades era definida como socialización. ¡Eso era horrendo! Es horrendo utilizar la educación como una manera de incorporar los individuos a la sociedad, que es un sistema de poder. La cuestión es reemplazar la socialización, como meta de la educación, por la famosa subjetivación. El papel de la educación es aumentar el grado de autonomía, de iniciativa y de crítica de cada individuo, especialmente de cada joven. No solamente, pero la población más importante es esa.

“El papel de la educación no es socializar, sino aumentar el grado de autonomía, de iniciativa y de crítica de cada individuo”

Yo fui educado en un liceo público, pero también en mi familia, con los métodos antiguos. Es decir, el profesor, el maestro —una palabra clave: ¡el maestro!—, transmitía ideas universales: la ciencia, la patria, la familia, la cultura (con una C grande), los grandes valores, etc. a jóvenes que vivían en un espacio limitado. Hay que eliminar eso. Entonces, la idea era realmente muy buena: frente a un mundo campesino donde la gente estaba dominada por una burguesía local rentista, se podían acercar temas universales a través de la escuela pública (y contra la Iglesia católica prácticamente, en el caso francés). Yo he vivido eso durante muchos años, largos años de guerra, y no era el momento para discutir órdenes, pero recibir esa educación para mí fue realmente un sufrimiento. Yo fui muy infeliz en la escuela.

¿La escuela de hoy en día está preparada para este cambio?

No. Yo creo que está muy atrasada, pero ha cambiado un poco. Lo que he descubierto, en el caso francés, es que un porcentaje relativamente alto de los maestros han cambiado. No son un 10% los que hacen otras cosas sino que hay un 30 o 40% que están tratando de cambiar la capacidad de expresión y de iniciativa de los jóvenes.

También he descubierto, con más distancia, que no son los maestros realmente los culpables de lo que pasa, es el sistema. El sistema es el ministerio centralizado y los sindicatos que viven del sistema. Aumentar el grado de autonomía e iniciativa para mí es fundamental. Primero, de los maestros, y segundo, y en consecuencia, de los alumnos. La burocratización de la escuela, de la educación, es responsable de este tipo de reproducción social. Cuando se discute sobre educación y hacen huelga en Francia, los sindicatos dicen que con 25 alumnos no se puede hacer nada, pero con 22 es muy fácil. ¡Es estúpido! No quieren cambiar nada. Cambiar cosas es difícil, pero cambiar ideas cuesta más.

“Cambiar cosas es difícil, pero cambiar ideas cuesta más”

El cambio no consiste en transformar la abstracción en actividades prácticas y de trabajar en una máquina. No se trata de eso, sino de dar más importancia, incluso en las notas de los alumnos (aunque hay que eliminar las notas lo máximo posible) a los medios técnicos y tecnológicos. Usando las palabras del mejor especialista en educación en Francia: hay que realizar un trabajo más cercano, más vinculado con la experiencia. Experiencia significa tecnología, pero también emociones y comunicación. No se puede aislar el conocimiento matemático, o a Platón, o la teoría de la relatividad, sino que es necesario vincular la experiencia, la interpretación y el análisis, no romper a favor de la abstracción, que es la reacción a lo concreto. No se debe eliminar lo concreto. Hay que pensar, por ejemplo, en colores, en formas, en movimiento…

 ¿Cómo encajan las nuevas tecnologías en ese marco?

Yo creo que las tecnologías como tales no son tan importantes. Lo importante es si la tecnología favorece la reintroducción de la experiencia, incluso en el aspecto de la comunicación y el aspecto afectivo. No hay que aislar el mundo escolar, no aislar al maestro del padre, de la madre, del amigo, de la amiga o del estudiante.

¿Las nuevas tecnologías ayudan a socializar o a desocializar, en el mundo educativo?

Depende de las tecnologías. La mayor parte de las tecnologías son colectivas, son máquinas. Yo diría que lo importante en las tecnologías es la información, porque no hay conocimiento sin información. Pero la información no tiene que estar aislada de la comunicación, que es fundamental, ni de las emociones, de lo afectivo. Es una idea clásica muy elemental pero fundamental.

“Hay que realizar un trabajo más cercano, más vinculado con la experiencia”

Del mismo modo, no se debe aislar lo mejor de lo inferior, que no hable solo la elite científica. No es fácil, porque necesitamos una elite científica, y no cualquier persona puede estudiar, por ejemplo, matemáticas a un nivel alto. Pero lo importante es que esta gente tenga la capacidad de ascender en su imaginación y no oponerse, no decir: “si tu eres bueno en matemáticas, no pierdas tu tiempo con pintura, juegos, amistades, conflictos o peleas”. Hay que subir hacia la abstracción y la creación científica o intelectual, pero en relación con toda la vida, como conjunto de experiencias afectivas y de comunicación. El éxito de una nación o un individuo está en la capacidad de pensar de forma abstracta y científica, pero eso no puede eliminar lo concreto, porque eso es una motivación de clase social.

Hablando de clase social, había dicho usted que la escuela era importante para disminuir las desigualdades…

No en el momento actual. La escuela, y hablamos de la escuela pública, aumenta las desigualdades. No las mantiene o las reproduce, sino que las aumenta. Hay que respetar la experiencia del alumno o de la alumna. Eso es importante. Por ejemplo, en Francia, no sé en España, está prohibido hacer estadísticas según el origen étnico de los estudiantes. Se hace por buenas razones, es muy respetable, pero el resultado es que cuando se habla en sociología de sectores especiales de la escuelas, de gente en situación difícil, son todos árabes. Ahí el efecto es absolutamente negativo por no utilizar las palabras, los datos, lo que todo el mundo sabe. ¡En el barrio todo el mundo sabe que en esa escuela son todos árabes!

“La escuela pública no mantiene o reconduce las desigualdades, sino que las aumenta”

Lo interesante es que la discriminación étnica es muy fuerte con los hombres y casi nula con las mujeres. Las mujeres, si buscan un empleo, dicen “yo me llamo Leila no se qué” y pueden conseguir el empleo. Si dices “Mohamed”, nunca lo vas a tener. La discriminación y la segregación afectan a los hombres, porque los hombres son considerados superiores.

¿La falta de escolarización no suele afectar más a las mujeres?

No. Incluso para los inmigrados, el nivel de escolarización es más alto para las mujeres que para los hombres. Hay que hablar de forma precisa. Las alumnas, las mujeres, obtienen un nivel de escolaridad más alto, pero tienen un nivel de expectativas más bajo. Hay un viejo estudio muy conocido de estudiantes de química. Las niñas estudiantes de química han resultado mejores y estudian más que los hombres, pero ¿cuánto ganarán dentro de cinco años como ingenieras químicas? Las expectativas de las mujeres son más bajas, a pesar de que hay más escolarización o mejores resultados escolares. La contradicción es impresionante, es una demostración de la sociología. Es evidente que no es un problema de competencia, de calidad o de inteligencia, es un puro mecanismo de interiorización, de discriminación. Las expectativas han resultado.

¿Qué papel le queda al profesor?

Más y más, se ve una relación inversa. En general, el alumno utiliza la tecnología para dar solución a los problemas, y el papel básico del maestro es ayudar al alumno o la alumna a incorporar un conocimiento o una técnica dentro de la experiencia multidimensional, afectiva y comunicativa del joven.

A lo largo de su larga carrera profesional ha escrito usted muchísimos libros. En la era de la tecnología, permítame la curiosidad, ¿escribe usted a mano?

(ríe) Es cierto que en mi caso hay dos cosas. Primero, es un aspecto físico o emotivo, tengo una relación del tipo amorosa-erótica con la escritura. Es hermoso, es un poco como hacer nacer, es una visión femenina, de crear. Segundo, empecé en la profesión muy joven, como profesor. Cuando escribí mi primer libro tenía 28 años.

Yo hablaba mucho con un amigo, y él me decía que en matemáticas el 10 % produce el 90 % del conocimiento. Le dije que lo mismo pasa con las ciencias sociales, solo que aquí no es el 10 sino el 5 % quién produce el 95 % del conocimiento. Yo creo que esa lógica es un mundo que atrae a los mediocres. Es un trabajo mal pagado, realmente muy mal pagado y con un estatus social muy limitado, pero te da mucha libertad. Ninguna persona me ha dado en toda la vida una orden.

¡Qué afortunado!

Es una suerte, he hecho absolutamente lo que quería hacer.

¿En este mundo en el que se valora tanto la ciencia y la tecnología, cree que se le da poco valor a las ideas de pensadores, de filósofos o sociólogos como usted?

Yo creo que en el momento actual hay un cambio de mundo, y tratar con ideas es difícil. Yo tenía un amigo físico que recibió un premio Nobel y decía: “Yo era incapaz y fui a un colegio experimental”. Y no le fue tan mal, ¡ganó un premio Nobel!. Es un poco lo mismo. La sociología no es un mundo exacto, es un trabajo de imbéciles muchas veces, aunque no siempre.

Hay muchos sociólogos hoy aquí…

¡Pues seguramente muchos de ellos son tontos!

Este contenido ha sido publicado originalmente por Aika Educación en la siguiente dirección: aikaeducacion.com

Es momento de cambiar la educación

Ya no se trata de la cantidad de esfuerzo, ni de prepararlos para competir, ni que aprendan lo mismo que el resto… Se trata de dar la vuelta a la siguiente página, al futuro, a la educación con emociones, el conocimiento propio, el amor propio, el mundo propio.

Desconocemos quién es el dueño de los derechos de este video, pero lo reproducimos sin fin de lucro, sólo con la intención de compartir su fabuloso mensaje.

Criemos a niños que no tengan que recuperarse de sus infancias

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Criemos a niños que no tengan que recuperarse de sus infancias

Definitivamente los hijos no llegan a los padres junto a un manual de instrucciones, la crianza dependerá en la mayoría de los casos de modelos vividos, de alguna información leída o escuchada y en uno de los mejores escenarios de la intuición.

Se presenta el dilema de experimentar en cuanto a la crianza de los niños, realizando un esfuerzo por respetar sus etapas, por ser lo más cuidadosos posibles o sencillamente montarse en la ola de los que argumentan ser personas de bien, luego de haber sido criados sometidos a castigos, golpes o cualquier tipo de autoritarismo.

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Es mucho más sencillo no nadar contra la corriente, seguir patrones que vienen repitiéndose de generación en generación, que dedicarse a hacer las cosas de una forma diferente, resulta más fácil, primero porque es lo que normalmente, sin mucha teoría y lastimosamente con mucha práctica, vivimos y porque hacerlo de otra manera requiere mucha más dedicación.

La crianza respetuosa se basa principalmente en la atención, en la empatía y principalmente en el respeto. Las acciones de los niños, encierran mucho más de lo que se ve, los niños están en un proceso de aprendizaje en donde no cuentan con muchos recursos para expresar sus emociones y si no los ayudamos a canalizarlas de una forma adecuada, sino que los reprimimos y maltratamos, estaremos generando en ellos un mal profundo.

Ser padres es una decisión y con ella debería venir el compromiso de hacerlo lo mejor posible y esto debe incluir romper paradigmas de ser necesario. Abrir los ojos en cuanto a lo que estamos haciendo y evaluar objetivamente nuestro rol en la vida de esos pequeños que dependen completamente de quienes lo han traído al mundo.

Existe una muy baja tolerancia a las acciones normales de los niños, a sus pataletas, a su llanto, a sus berrinches y muy poco interés en buscar el porqué  de esa conducta, solo se quiere salir de la situación incómoda de la forma más rápida posible y con los menores efectos colaterales, aunque esto represente aplicar la “autoridad” que se ha ganado por imposición y no por respeto y confianza.

Niños

Hay una brecha entre el respeto y el miedo, los hijos deben respetar a los padres, pero no temerles, el temor solo siembra falta de confianza, resentimiento y rebeldía en los niños. Cuando vemos un niño al que le hacen callar con una mirada, estamos viendo a un niño que probablemente no tenga ninguna libertad para expresar sus emociones, que ha sido reprendido de forma inadecuada y sencillamente tiene miedo a un castigo.

La presión social puede llevar a muchos padres a sucumbir al poco acompañamiento de los hijos  en sus etapas: Por qué llora tanto? Vas a dejar que haga ese berrinche? Si no le pones carácter va a ser contigo lo que quiera. Lo que está es manipulando. Yo en tu lugar ya le hubiese dado una sola nalgada. En fin, millones de comentarios y opiniones de los gurús de la crianza que no soportan ver a un niño manifestándose mediante a sus recursos en las edades que les corresponda.

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No se trata de reprimir al niño, se trata de entender el por qué está reaccionando de una forma particular y acompañarlo en el proceso, aunque esto signifique abrazarlo en medio de una pataleta. Mientras mayor es la comunicación con el niño, mientras más se le explica empáticamente lo que le ocurre es más fácil que aprenda a dar otro manejo de sus emociones.

Dediquemos a los niños el tiempo que merecen, actuemos como sus padres, sus cuidadores, aquellos que los pondrán sobre cualquier persona, respetemos sus etapas, el manejo de sus recursos y ayudemos a cambiar al mundo a través del amor y la tolerancia, no desde el miedo y la represión.

Visto en: http://rincondeltibet.com/blog/p-criemos-a-ninos-que-no-tengan-que-recuperarse-de-sus-infancias-19244

Ponencia de Carles Capdevila: Educar con humor es posible

Veinte años y un día de paternidad (“que suena a condena, pero es una de las condenas más divertidas y apasionantes”) dan para mucho y de todo ello habló Carles Capdevila en su genial ponencia en Madrid, donde rememoró todas las etapas de la vida de sus cuatro hijos: desde las preguntas impertinentes de los vecinos al conocer el embarazo hasta el momento que nunca pensó vivir: recoger a su hija mayor de un concierto por la noche.

En medio de las carcajadas del público, Carles compartió 10 lecciones que le han dejado esta condena, como que cada niño es distinto, que los niños prodigios son pocos, que los riesgos existen o que la paternidad y la maternidad nos provocan contradicciones.

La forma de elogiar a los niños condicionará su vida

Los elogios bien utilizados, pueden ser un arma poderosa para reforzar la autoestima de nuestros hijos. Sin embargo, en una sociedad en la que el menor es continuamente sobreprotegido y alabado por sus “pequeños logros”, los cumplidos pueden tener el efecto contrario.

Desde el año 2000, se han publicado diversos estudios y experimentos sobre el efecto negativo de los elogios y alabanzas en los niños. Una de las mejores pruebas y más representativas de este fenómeno, fue realizada en los Estados Unidos.

El experimento desafiaba a más de 400 niños de quinto grado escolar a resolver una serie de rompecabezas relativamente fáciles. Cuando finalizaban las pruebas, algunos eran elogiados por su inteligencia, mientras que otros por su esfuerzo.

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En la segunda ronda (mucho más complicada) los alumnos podían elegir entre un nuevo desafío parecido o diferente al anterior. La mayoría de los niños elogiados como “inteligentes” eligieron un desafío similar. En cambio, la mayoría de los que fueron elogiados por su “esfuerzo” prefirieron hacer algo diferente.

La base del comportamiento humano es, y ha sido siempre, buscar el placer y evitar el dolor. En este caso, evitar las tareas que se nos dan mal para evitar el fracaso. Así, los niños optan por el camino fácil, dedicando toda su energía a aquellas actividades que dominan con facilidad para obtener así su ansiado reconocimiento.

Elogiar el proceso, no la persona

Los niños esperan la aprobación de sus padres, es así, están “programados” para ello. Por ejemplo, si a un niño de 3 años lo felicitamos y reforzamos por haberse atado correctamente los zapatos, es probable que al día siguiente repita la acción. Desafortunadamente, también será probable que decida no intentar abrocharse la camisa.

Él desea que volvamos a felicitarle por los cordones, y como es una tarea que ya sabe hacer, prefiere limitarse a ella, en vez de desilusionarnos por no conseguir abotonarse la ropa.

Si en vez de elogiar al niño – “qué listo eres”, “qué bueno” -, alabamos el proceso, el esfuerzo o la estrategia“veo que te has esforzado mucho para atarte los zapatos”, “que buena manera de abrocharte has inventado”– reforzaremos la conducta sin desincentivar su capacidad para aprender y asumir nuevos retos.

Mentalidad fija vs. mentalidad en desarrollo

Según los estudios realizados por la doctora Carol S. Dweck, de la Universidad de Stanford, en base a los elogios recibidos durante la infancia, los niños pueden desarrollar dos tipos de mentalidades.

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La mentalidad fija, es decir, los niños creen que las cualidades como ser inteligente, creativo, agradable, simpático, listo… son fijas, aspectos inmutables de la personalidad.

En otras palabras, creen que son como son y que no pueden cambiar. Por mucho que estudien no serán más listos, por mucho que pinten no serán más creativos, por mucho que practiquen piano no serán músicos pues nacieron sin oido musical o ritmo. Los niños con mentalidad fija, creen que su potencial es el que es y está limitado solo a ciertas cosas, aquellas en las que destacan y que, como son más hábiles, prefieren cultivar. Todo lo demás queda excluido.

Los niños con mentalidad en crecimiento, piensan que, igual que las piernas se ejercitan al caminar o al correr, su cerebro es algo que puede crecer y mejorar a través de la práctica, el esfuerzo y la dedicación.

Como adultos y adolescentes

El cumplido nos condiciona según nuestras capacidades y, conforme pasan los años y las responsabilidades y tareas se complican, nuestra autoestima se tambalea.

¿Cómo voy a asumir la dirección de mi oficina si yo no soy bueno con el trabajo en equipo? ¿Cómo voy a invitar a esa chica a salir si no tengo don de palabra? Yo soy creativo, pero no puedo montar un negocio porque no soy responsable.

Creer ciegamente en las cualidades que nos han remarcado, provoca en el adulto un efecto inesperado: la total y absoluta desconfianza hacia otras habilidades que, en principio, no consideramos nuestras.

Inconscientemente, nos asustamos de no dar la talla y, para protegernos de esa conclusión precipitada, nuestro cerebro lanza una medida evasiva de emergencia:subestimar la importancia del esfuerzo y sobrevalorar la necesidad de ayuda (primero de los padres, después de los amigos y superiores). Cuando no podemos ser ayudados porque es nuestra responsabilidad, optamos por la única vía posible: la evitación.

¿Cómo debemos reforzar conductas?

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Lo mejor sería dejar de alabar innecesariamente, pues como vimos anteriormente, los experimentos muestran que el elogio crea el efecto contrario al deseado.

Utilizando un grupo de estudiantes de primaria, Mary Budd Rowe, demostró que quienes fueron elogiados profusamente por los maestros, comenzaron a responder a las preguntas con un tono más provisional e inseguro. Se habían convertido en el niño bonito y no querían decepcionar si se equivocaban. Se llegó al punto en el que si el profesor fingía no estar de acuerdo con la respuesta, siendo esta correcta, los estudiantes se retractaban.

Para colmo, los niños desarrollan tolerancia a la alabanza, necesitando dosis cada vez frecuentes; tanto que, si los padres o maestros dejan de elogiar, los pequeños pierden el interés.

Reconocer y valorar el proceso, el esfuerzo o la estrategia del menor es la mejor manera de hacer que los niños se sientan orgullosos de sus propios logros.

El objetivo es que ellos aprendan a reconocer sus propios triunfos y establezcan una relación directa entre el esfuerzo y la consecución de una meta.

10 alternativas al elogio

Al principio te costará un poco, pues estamos tan acostumbrados a las alabanzas que los elogios salen de nuestra boca sin que lo pensemos. Sin embargo, tras unos díasmidiendo tus palabras y valorando que es el esfuerzo del proceso lo que tienes que resaltar, las interacciones serán más naturales.

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Aún así, y para que veas algunos ejemplos, aquí tiene 10 fórmulas alternativas para mostrar aprobación a la vez que incentivamos al menor:

    1. “¡Mmmm!”, “vaya, vaya, vaya”, ¡ohhhh!, ¡guau! + Sonreír y asentir: cuando no sabemos qué decir, es mejor esto que un elogio. Son formas de mostrar satisfacción, sorpresa e interés por lo que el niño nos está enseñando. Obviamente, debemos esperar o preguntarle para que nos cuente más cosas acerca del proceso para concretar apreciaciones sobre su esfuerzo.
    2. “¡Vaya! ¿Qué has hecho? Cuéntame”: la pregunta, es una fórmula magnífica, el menor estará encantado de darnos más detalles.
    3. “Te has esforzado mucho para hacer esto, ¿verdad? ¿Estás orgulloso?”: en vez de centrarnos en el resultado (si es bonito o no) nos centramos en el esfuerzo y fomentamos la motivación interna del niño.
    4. “Se te ve muy contento, ¿estás feliz de haber conseguido hacer esto?”: ya sea pintar un dibujo, atarse los cordones, recoger el cuarto, no ensalzamos “lo bien que pinta, lo ordenado que es, o su habilidad”, sino su sensación de logro y en su auto-motivación.
    5. “Veo que has…”: simplemente describimos lo que ha hecho, estamos reconociendo su trabajo pero de una manera neutral, sin caer en alabanzas.
    6. “¡Lo has conseguido!”: la efusividad por su éxito está justificada cuando somos conscientes del gran esfuerzo que le ha supuesto.
    7. “¡Fíjate! ¡Antes no podías hacer esto y ahora sí!”: de esta forma nos enfocamos en su capacidad para aprender y establecemos una relación entre la dedicación y el resultado, algo que le ayudará a no frustrarse cuando inicie nuevas actividades.
    8. “¡Gracias! Me gusta que hayas hecho esto para mí”: cuando el niño ha hecho algo para regalárnoslo, por supuesto hay que agradecérselo, pero no por ello hay que alabar. Piensa en un adulto: cuando recibes un regalo de un cliente, te muestras agradecido pero no te opones a ensalzar su generosidad, lo bueno que es porque te ha dado algo material, o su suerte por poder permitirse esos gestos.
    9. “¡Esto no lo habías hecho nunca! ¿Cómo has aprendido?”: mostrando sorpresa hacia una acción autodidacta, fomentamos su proceso de aprendizaje.
    10. “Me gusta lo que has hecho, ¿podrías enseñarme a hacerlo?”: con esta reacción, una de mis preferidas, le estamos enviando al niño el mensaje de que su trabajo nos gusta tanto que deseamos aprender de él, y que él tiene la capacidad necesaria para enseñarnos.

Recuerda ser concreto y reconocer los logros en el momento, ya que pasado un tiempo el niño no sabrá a que nos referimos.

Sea cual sea la situación, siempre debemos mostrar paz y armonía en nuestras interacciones, establecer contacto visual con nuestro hijo y sonreír, además de reforzar su esfuerzo con muestras de cariño como palmadas o abrazos.

Fuente: http://lavozdelmuro.net/cuidado-con-los-elogios-alabanzas-y-cumplidos/