Hermoso cortometrage animado para a prender a soltar el control

Sobre la necesidad de aprender a soltar, a perder el control en dominio, a dejar ir mediante el desapego a los objetos.

En su libro To Have or To Be? (1976), el psicólogo, psicoanalista y filósofo humanista Erich Fromm habla sobre la diferencia entre el estado de tener y de ser. En el primero, la naturaleza de la existencia se enfoca en la propiedad privada, en tanto obtener como coleccionar objetos y, como tal, se goza del derecho a reclamarlo: “El modo de tener excluye a otros; no requiere ningún otro esfuerzo de mi parte que mantener mi propiedad o hacer uso productivo de él”. En el segundo, “Ser significa renovarse a sí mismo, crecer, dejarse fluir, amar, trascender de la prisión de un ego aislado, interesarse, estar presente, dar”.

Tohaveortobe

Ambos modos de existencia alteran la conducta y la actitud de una persona; en especial cuando se trata de los vínculos emocionales. Por ejemplo, mientras tener una relación implica que la otra persona forma parte de mi propiedad normalizando conductas de celos y envidia, ser o estar en una relación es una “actividad productiva. Implica cuidar, conocer, responder, afirmar, disfrutar a la persona, al árbol, a la pintura, a la idea. Significa traer a la vida su esencia. Es un proceso, de autorrenovación y autocrecimiento”.

Pero para Ser se requiere aprender a soltar, a perder el control en dominio, a dejar ir mediante el desapego a los objetos. Para dejar en claro este mensaje, el diseñador Kaukab Basheer realizó un cortometraje de animación, cuyos protagonistas –un monje tibetano y su aprendiz– enseñan a Ser soltando el control y el apego.

Os compartimos a continuación Dechen:

 

Visto en: http://culturainquieta.com/es/inspiring/item/11992-un-hermoso-cortometraje-animado-para-aprender-a-soltar-el-control.html

Artista ilustra su lucha contra la depresión

La depresión es una lucha de la mente contra la mente. Ya sea que este combate alcance planos neuroquímicos o que se mantenga en las estepas de lo anímico, lo cierto es que generalmente implica encarnizadas batallas que hoy cada vez más personas libran.

Históricamente el arte ha sido una herramienta medicinal. En el caso de Occidente, destaca en este rubro la labor de Carl Jung, quien profundizó en las propiedades curativas del arte –en su caso, particularmente a través de la creación de mandalas.

A propósito de depresión y arte medicinal, el artista David Planeta se abocó a materializar los embates de la depresión que sufre en oscuras entidades que ilustra. las debilidades y miedos que este polaco detecta como detonantes de sus estados depresivos encarnan en gigantescos animales, deidades y seres diversos, con ojos brillantes. En estas escenas siempre aparece una diminuta persona, en este caso él, haciendo frente a estas fuerzas siniestras.

Suponemos que el acto de representar así sus frecuencias depresivas debiera tener importantes efectos terapéuticos en la psique de David Planeta, lo cual, de confirmarse, estaría marcando un episodio más del arte como generoso acompañante del ser humano…

Visto en: http://pijamasurf.com/2017/05/artista_ilustra_su_lucha_contra_la_depresion_por_medio_de_estos_tenebrosos_seres/

 

 

 

5 expresiones para cortar de raíz una discusión

Mientras algunos consideran que “la discusión es la muerte de la conversación”, como es el caso de Emil Ludwig, otros creen que no solo es inevitable, sino que hasta puede ser positivo. ¿Será verdad? Vamos a intentar encontrar respuestas.

El profesor Javier Escrivá Ivars, director de un Máster de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra y catedrático de la Universidad de Valencia, considera que discutir es bueno, pero pelear es destructivo. Es decir, que en la discusión no deberíamos romper con ciertas leyes, si no queremos hacer que el intercambio de pareceres se trasforme en destructivo. Y para ello, existen frases que pueden ser realmente útiles.

Expresiones para cortar de raíz una discusión

A continuación vamos a facilitar una serie de expresiones que pueden cortar de raíz una discusión, antes de que se convierta en una pelea. Pero, como es lógico, no son varitas mágicas. Así pues, no lo olvides, si la conversación se acalora, como dice el profesor Escrivá Ivars, intenta poner un punto más de humildad y generosidad, y no te olvides de la empatía. Son herramientas indispensables si de verdad quieres mejorar tu vida, tu convivencia y tus discusiones. De lo contrario, una conversación inicialmente tranquila puede convertirse en un infierno.

Tienes razón en esto que dices…

Esta es una frase que expresa la capacidad individual de reconocer puntos en común con otra persona. Así, durante una discusión, momento en que se genera un conflicto, no estamos potenciando el distanciamiento, sino el acuerdo.

Manos de personas conversando

De todas formas, te animo a que solo uses esta frase cuando realmente estás de acuerdo con la parte que vas a resaltar a continuación. Como dice Escrivá, no tires a lo loco a ver si aciertas, pues de esa forma no surtirá efecto, o no al menos el deseado. Asegúrate de que de verdad estás de acuerdo con los argumentos que señalas y acepta humildemente tus errores para encontrar puntos de encuentro reales.

Me siento (así) cuando dices eso…

La mayor parte de discusiones que tenemos en nuestra vida se producen con personas allegadas. Como tal, y por la importancia que tienen para nosotros, estos momentos de falta de entendimiento nos generan inquietud y sentimientos encontrados. ¿Por qué no decirlo con toda sinceridad?

Durante una discusión es importante compartir con el otro cómo nos sentimos. Si algo nos lastima y nos duele de cuanto nos dicen, hay que comunicarlo para conversar en positivo y no dejar que el asunto se vaya de las manos.

Esta aseveración durante una discusión nos permite ser responsables y conscientes de nuestro estado emocional. Sin embargo, hay que cuidar de no responsabilizar a las otras partes. Se puede expresar el malestar sin ahondar en lo que distancia.

Lo siento si te ha molestado. Dime cómo te sientes para comprenderte mejor…

Otra frase que puede ser un punto de inflexión en una discusión. Tal vez la postura de tu interlocutor te parezca absurda, pero si profundizas en la conducta de ridiculizar, por ejemplo, harás más mal que bien.

Por otro lado, si tratas de empatizar y racionalizar los sentimientos de la persona con quien discutes, tal vez visualices un trasfondo que antes no veías. Así puedes analizar la situación con mayor profundidad y entender perfectamente qué está sucediendo, dónde se genera el malestar y cómo encontrar soluciones comunes.

Visto en: https://lamenteesmaravillosa.com/5-expresiones-cortar-raiz-una-discusion/

Miedo al cambio

Tenemos tanto miedo al cambio, que muchos nos aferramos a mecanismos de defensa como el autoengaño, la resignación, la arrogancia o la pereza para no cuestionar las creencias con las que hemos creado nuestra identidad.

Cuenta una historia que el joven rey de un imperio lejano se cayó un día de su caballo y se rompió las dos piernas. A pesar de contar con los mejores médicos, ninguno consiguió devolverle la movilidad. No le quedó más remedio que caminar con muletas. Debido a su personalidad orgullosa, mandó publicar un decreto por el cual se obligaba a todos los habitantes a llevar muletas. Del día a la noche, todo el mundo comenzó a arrastrarse –en contra de su voluntad– con el apoyo de dos palos de madera. Las pocas personas que se rebelaron fueron arrestadas y condenadas a muerte. Desde entonces, las madres fueron enseñando a sus hijos a caminar con la ayuda de muletas en cuanto comenzaban a dar sus primeros pasos.

Y dado que el monarca tuvo una vida muy longeva, muchos habitantes desaparecieron llevándose consigo el recuerdo de los tiempos en que se andaba sobre las dos piernas. Años más tarde, cuando el rey finalmente falleció, los ancianos que todavía seguían vivos intentaron abandonar sus muletas, pero sus huesos, frágiles y fatigados, se lo impidieron. Acompañados por sus inseparables muletas, en ocasiones trataban de contarles a los más jóvenes que años atrás la gente solía caminar sin la necesidad de utilizar ningún soporte de madera. Sin embargo, los chicos solían reírse de ellos.

Movido por su curiosidad, en una ocasión un joven intentó caminar por su propio pie, tal y como los ancianos le habían contado. Al caerse al suelo constantemente, pronto se convirtió en el hazmerreír de todo el reino. Sin embargo, poco a poco fue fortaleciendo sus entumecidas piernas, ganando agilidad y solidez, lo que le permitió dar varios pasos seguidos. Curiosamente, su conducta empezó a desagradar al resto de habitantes. Al verlo pasear por la plaza, la gente dejó de dirigirle la palabra. Y el día que el joven –ya recuperado– comenzó a correr y a saltar, ya nadie lo dudó; todos creyeron que se había desquiciado por completo… En aquel reino, donde todo el mundo sigue llevando una vida limitada caminando con la ayuda de muletas, al joven se le recuerda como “el loco que caminaba sobre sus dos piernas”.

LA INFLUENCIA DE LA SOCIEDAD
“Sé obediente. Estudia. Trabaja. Cásate. Ten hijos. Hipotécate. Mira la tele. Pide préstamos. Compra muchas cosas. Y sobre todo, no cuestiones jamás lo que te han dicho que tienes que hacer.”
(George Carlin)

No hay nadie a quien culpar. Pero lo cierto es que desde el día en que nacemos se nos adoctrina para que nos convirtamos en empleados sumisos y consumidores voraces, perpetuando el funcionamiento insostenible del sistema. Así es como, al entrar en la edad adulta, seguimos la ancha avenida por la que transita la mayoría, olvidándonos por completo de seguirnos a nosotros mismos, a nuestra voz interior. Por el camino nos desconectamos de nuestra verdadera esencia –de nuestros valores y principios más profundos–, construyendo una personalidad adaptada a lo que nuestro entorno más cercano espera de nosotros.

Si bien la sociedad y la tradición ejercen una poderosa influencia sobre cada uno de nosotros, en última instancia somos libres para tomar decisiones con las que construir nuestro propio sendero en la vida. Es una simple cuestión de asumir nuestra parte de responsabilidad. Sin embargo, tomar las riendas de nuestra existencia nos confronta con nuestro miedo a la libertad. De ahí que si parece que nada se transforma es porque –en primer lugar– la mayoría de nosotros nos resistimos a cambiar.

Prueba de ello es que tendemos a ridiculizar e incluso oponernos fieramente a procesos y herramientas –como el autoconocimiento y el desarrollo personal– orientados a cambiar nuestra mentalidad. Más que nada porque dicha actitud implicaría dar el primer paso hacia una dirección aterradora: cuestionarnos a nosotros mismos. Es decir, al sistema de creencias con el que hemos creado nuestro falso concepto de identidad.

LOS SIETE ENEMIGOS DEL CAMBIO
“Formamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los que están sanos se les tacha de locos.
(Jiddu Krishnamurti)

Al obedecer las directrices determinadas por la mayoría, hacemos todo lo posible para no salirnos del camino trillado, rechazando sistemáticamente ideas nuevas, diferentes y desconocidas. No nos gusta cambiar porque a menudo lo hemos hecho cuando no nos ha quedado más remedio. Por eso lo solemos asociar con la frustración y la vergüenza que conlleva sentir que nos hemos equivocado. O peor aún: que hemos fracasado. De ahí las tan pronunciadas sentencias: “¡Yo soy así y no pienso cambiar!” “¡Los que tienen que cambiar son los demás!”

Tanto es así, que existen siete mecanismos de defensa cuya función es la de garantizar la parálisis psicológica de la sociedad. En esencia, representan las principales motivaciones subyacentes de todas aquellas excusas que nos contamos a nosotros mismos para no cambiar. Estos mecanismos psíquicos nos llevan a tomar decisiones y a adoptar actitudes y comportamientos que van en contra de nuestro bienestar. O más concretamente, en contra de la posibilidad real de promover un cambio constructivo en nuestra manera de ver, entender y disfrutar de la vida.

El primer mecanismo de defensa es el miedo. Sin duda alguna, el más utilizado por el statu quo como elemento de control social. Cuanto más temor e inseguridad experimentamos los individuos, más deseamos que nos protejan el estado y las instituciones que lo sustentan. Basta con bombardear a la población con noticias y mensajes con una profunda carga negativa y pesimista. Sobre todo porque está demostrado que estos se instalan en algún oscuro rincón de nuestro inconsciente, alimentando así a nuestro instinto de supervivencia. Además, cuando vivimos con miedo nos sentimos mucho más vulnerables y amenazados. Y al buscar todo tipo de seguridades y certezas, cerramos las puertas de nuestra mente y nuestro corazón a lo nuevo y lo desconocido.

AUTOENGAÑO Y NARCOTIZACIÓN
“Nadie es más esclavo que quien falsamente cree ser libre.”
(Johann W. Goethe)

Dado que el cambio es el mayor enemigo del miedo, enseguida aparece en escena el autoengaño. Es decir, mentirnos a nosotros mismos –por supuesto sin que nos demos cuenta– para no tener que enfrentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de transformación. Para lograrlo, basta con mirar constantemente hacia otro lado, tratando de no pensar ni hablar sobre aquellos temas y asuntos que puedan incomodarnos.

Por esta razón, el autoengaño suele dar lugar a la narcotización. Y aquí todo depende de los gustos, preferencias y adicciones de cada uno. Lo cierto es que la sociedad contemporánea promueve infinitas formas de entretenimiento, que nos permiten evadirnos de nuestros pensamientos, emociones y estados de ánimo las 24 horas del día. Así es como intentamos sepultar nuestra latente crisis existencial. Dado que en general huimos permanentemente de nosotros mismos, lo más común es encontrarnos con personas que –al igual que nosotros– no van hacia ninguna parte.

Con el tiempo, esta falta de propósito y de sentido suele generar la aparición de la resignación. Cansados físicamente y agotados mentalmente, decidimos conformarnos, sentenciando en nuestro fuero interno que “la vida que llevamos es la única posible”. Es entonces cuando asumimos definitivamente el papel de víctimas frente a nuestras circunstancias y, por consiguiente, frente a la vida. Esta es la razón por la que solemos culpar a los demás y a nuestras circunstancias por todo aquello que no nos gusta acerca de nosotros y de nuestra vida.

ARROGANCIA Y CINISMO
“Ninguna persona cambia hasta que su situación deviene insoportable.”
(José Antonio Marina)

Puesto que el victimismo se sostiene sobre un sistema de creencias erróneo y limitante, en caso de sentirnos cuestionados solemos defendernos impulsivamente por medio de la arrogancia, muchas veces disfrazada de escepticismo. Esta es la razón por la que solemos ponernos a la defensiva frente a aquellas personas que piensan de forma diferente a nosotros, insinuándonos que el cambio todavía es posible. Al mostrarnos soberbios e incluso prepotentes, lo que intentamos es preservar nuestra identidad rígida y estática, de manera que no nos veamos obligados a cambiar.

En el caso de que sigamos posponiendo lo inevitable, la arrogancia suele mutar hasta convertirse en cinismo. Sobre todo tal y como se entiende hoy en día. Es decir, como la máscara con la que ocultamos nuestras frustraciones y desilusiones, y bajo la que nos protegemos de la insatisfacción que nos causa llevar una vida de segunda mano, completamente prefabricada. Tal es la falsedad de los cínicos, que suelen afirmar que “no creen en nada”, poniendo de manifiesto que en realidad no creen en sí mismos.

Por último, existe un séptimo mecanismo de defensa: la pereza. Y aquí no nos referimos a la definición actual, sino al significado original que nos revela su raíz etimológica. Así, la palabra “pereza” procede del griego acedia, que quiere decir “tristeza de ánimo de quién no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podría realizar”. No importa la edad que tengamos. Ni lo desoladoras o adversas que sean nuestras circunstancias actuales. Estamos a un solo pensamiento de dar el primer paso. Nadie dijo que fuera un proceso fácil. Pero para empezar a vivir nuestra propia vida –y no la de otros– el cambio es sin duda nuestro mejor aliado.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 15 de julio de 2012.

Saber cuándo desistir

La vida no es una carrera de velocidad sino de resistencia. Eso significa que para llegar más lejos y en mejor forma es necesario mantener cierto equilibrio: saber cuándo es momento de apretar el paso y cuándo es necesario ir más despacio o incluso detenerse para recuperar fuerzas. Sin embargo, lo cierto es que mantener ese equilibrio es difícil, sobre todo cuando median las emociones.

La trampa de la “inversión emocional”

Una de las trampas mortales en las que solemos caer es en la de la “inversión emocional”. En práctica, no queremos abandonar un proyecto, una relación de pareja o cualquier otra cosa a la que nos sentimos atados simplemente porque hemos invertido tiempo, esfuerzo y sentimientos en ello.
De hecho, se trata de una trampa muy común en el ámbito de los negocios. Una persona ha invertido tanto en una actividad que aunque esta ya no funcione y genere pérdidas, la persona se niega a reconocerlo y sigue invirtiendo a saco roto.
En el ámbito de las relaciones de pareja también ocurre. Muchas personas piensan que han pasado tantos años juntos que no tiene sentido separarse. Creen que perderán esa “inversión emocional”, y siguen inmersas en una relación que realmente les está desgastando y les arranca las ganas de vivir.
Este corto nos demuestra, de una manera inequívoca, que a veces no sabemos cuándo es momento de parar y seguimos obcecados con nuestra meta, sin darnos cuenta de que en ella puede irnos la vida. También nos muestra el enorme influjo que pueden tener los hábitos en las decisiones que tomamos, de manera que preferimos seguir apegados a estos, en vez de cambiar.

Desistir a tiempo no es fracasar

A pesar de que asociamos la palabra “desistir” con el fracaso o la falta de voluntad, lo cierto es que en algunas ocasiones es la decisión más inteligente. Hay que saber cuándo se puede seguir invirtiendo emocionalmente y cuándo ha llegado el momento de parar. Si no somos capaces de reconocer ese punto, podemos llegar a arruinarnos la vida, literalmente.
Afortunadamente, existen algunas señales que nos indican que quizá ha llegado el momento de cambiar rumbo:
 
1. Los resultados previstos están cada vez más lejos. Si estás dando lo mejor de ti y llevas tiempo esforzándote pero los resultados que esperas cada vez están más lejos, es probable que tengas que revalorar tus metas o el camino que has emprendido.
2. El desgaste que estás sufriendo no vale la pena. Cada meta suele representar un desafío, para alcanzar algo que realmente valga la pena, es necesario cierto nivel de compromiso y esfuerzo. Sin embargo, todo tiene un límite, por lo que si el desgaste que estás sufriendo es muy grande, quizá debas preguntarte si realmente tiene sentido seguir adelante sacrificándote.
3. Las circunstancias han cambiado. A veces puedes estar tan ensimismado en un proyecto o en una relación que pierdes de vista el contexto y no te das cuenta de que las circunstancias han cambiado, haciendo que tu esfuerzo sea en vano. Por eso, cada cierto tiempo, es conveniente detenerse y volver a valorar la viabilidad de tus objetivos.
Visto en: http://www.rinconpsicologia.com/2017/02/-tamano-smartphone-asertividad.html

Los 3 secretos de la sabiduría antigua para ser felices

Imaginemos por un momento que pierdes tu trabajo. Si se trata de un puesto mal remunerado en el que no te sentías a gusto y confías en que puedes encontrar un empleo mejor, es probable que esa situación no te afecte y quizá hasta te alegres. Sin embargo, si crees que era el trabajo de tu vida y que no podrás encontrar nunca nada mejor, es probable que te sientas devastado.
Esto indica que, en muchas ocasiones no nos limitamos a reaccionar ante los hechos sino que nuestras emociones dependen, en enorme medida, de nuestras creencias y expectativas.
En este sentido, los estoicos afirmaban que no existen eventos buenos ni malos, solo nuestra percepción. Shakespeare lo resumió aún mejor: “No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así”.
Esta idea, que también defiende el taoísmo y el budismo, nos indica que no es lo mismo pensar “me ha pasado esto” a “esto que me ha pasado es malo”. Si nos limitamos a la primera afirmación seremos más objetivos, sufriremos menos e incluso podremos apreciar la enseñanza o lo positivo que encierran los hechos. Al contrario, si abrazamos la segunda afirmación, nos limitaremos a ver lo negativo.
Esta idea también ha sido primordial en la filosofía de Albert Ellis para darle forma a su Terapia Cognitiva Conductual, según la cual, la mayoría de nuestros estados de ánimo negativos no están causados por las circunstancias sino por nuestras creencias irracionales.

1. Controla lo que puedes controlar. Ignora el resto.

“Pido serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que puedo y sabiduría para conocer la diferencia”.
Los estoicos aplicaban mejor que nadie esta afirmación. Eran conscientes de la necesidad de tener cierto control sobre la vida pero no se obsesionaban con ello, por lo que siempre se preguntaban: “¿Puedo hacer algo al respecto?”
Si puedes hacerlo. Hazlo. Si no puedes… Asúmelo y sigue adelante porque preocuparse solo generará estrés.
De hecho, en realidad muchas de las cosas que nos preocupan y nos afectan son aquellas sobre las que no tenemos ningún control. Realizar la distinción entre lo que puedes cambiar y lo que no, te convertirá en una persona más feliz porque no solo lograrás vivir con mayor plenitud el aquí y ahora sino que aprenderás a centrar tu energía en lo que realmente importa. Así serás más productivo, más eficaz y más feliz.
Por tanto, la próxima vez que estés preocupado hasta el punto de sentirte agobiado y angustiado, pregúntate si tienes algún control sobre los hechos. Si es así, toma cartas en el asunto. Si no, deja ir esa preocupación centrándote en aquellas cosas que sí puedes cambiar.

2. Acepta. Sin caer en la pasividad.

La mayoría de las personas tiene problemas para aceptar los sucesos. En nuestro interior pensamos que aceptar es sinónimo de renunciar, aunque no es así.
De hecho, ¿alguna vez te has preguntado qué es lo contrario de aceptar? Es negar. Y negar los hechos nunca es una buena idea, es tan inútil como negar que está lloviendo, simplemente no nos conduce a ninguna parte.
Obviamente, esa negación es camuflada, negamos los hechos a través de una simple palabra: “debería”. Así decimos: “no deberían haberme tratado mal”, “no debería haberme sucedido”… Cada vez que usamos un “debería” lo que estamos diciendo en realidad es que no aceptamos lo que ha ocurrido, lo negamos porque anteponemos nuestras expectativas a la realidad.
Sin embargo, la negación es irracional, y solo genera una resistencia inútil que alimenta la rabia, el sufrimiento y la angustia. Por eso, para ser felices y vivir de forma más equilibrada, es fundamental aceptar la realidad, aunque eso no significa asumir un rol pasivo.
Por ejemplo, si está lloviendo, simplemente aceptas la lluvia. Negarlo no va a hacer que desaparezca. Pero no necesitas mojarte, puedes protegerte con un paraguas.
Para los estoicos la aceptación nunca significó resignación, implicaba aceptar los hechos como son y luego decidir qué hacer al respecto. Los estoicos, al igual que los maestros de la filosofía oriental, nos enseñan que no debemos desperdiciar nuestra energía luchando contra cosas que escapan de nuestro control, es más inteligente aceptarlas, seguir adelante y ver cómo podemos usarlas a nuestro favor o, al menos, como minimizar los daños.
Por tanto, la próxima vez que las cosas no vayan como hubieras deseado, no niegues la realidad. Acepta y luego pregúntate qué puedes cambiar.

3. Elige de quién serás hijo. Construye activamente tu “yo”. 

Puede parecer un contrasentido pero lo cierto es que, sea lo que sea que hayan hecho tus padres, ahora el responsable de tu vida eres tú. De hecho, muchos de los problemas y las preocupaciones realmente surgen en tu mente, pero provienen de la forma de pensar y afrontar la vida que te han inculcado. No obstante, ahora tienes el poder de cambiar cómo te enfrentas a esas situaciones y, lo que es aún más importante, cómo te sientes al respecto.
No estás solo en el mundo, puedes aprender muchísimo de los demás. Existen grandes modelos a seguir, como Séneca, uno de los grandes pilares del estoicismo, quien afirmó: “Decimos que no elegimos a nuestros padres, que nos fueron dados por casualidad, pero podemos elegir qué hijos queremos ser”.
Esto nos indica que podemos romper con muchos de los condicionamientos de nuestro pasado, para construir la persona en la que nos queremos convertir. Cada vez que decimos “siempre lo he hecho así” o “soy así”, asumimos una excusa para no cambiar y mantener el estado actual de las cosas.
De hecho, si planificas tu vida económica, tus próximas vacaciones y tus encuentros sociales, ¿por qué no dedicarle un poco de tiempo a construir la persona que quieres ser?
Por eso, cuando estés ante una situación difícil, te será de gran ayuda preguntarte: ¿cómo reaccionaría esa persona que admiras y que has asumido como mentor de vida?
Con esta simple pregunta logras salir de tu piel, asumes una distancia psicológica y eres capaz de ver las creencias irracionales que se encuentran alimentando ese círculo vicioso en el que te has sumido. Es un cambio que vale la pena.
Visto en: http://www.rinconpsicologia.com/2017/02/secretos-sabiduria-antigua-felicidad-estoicismo.html

Entrevista Annie Marquier

La autora de El poder de elegir, La libertad de ser o el Maestro del Corazón. Una pionera en el mundo de la conciencia. La primera que acuñó la palabra victimitis. Experta en psicología holística y transpersonal. Sólo un par de años atrás ni me hubiera podido imaginar la posibilidad de entrevistarla, y ahora, es una realidad. La lectura de El poder de elegir fue un punto de inflexión en mi vida, y el motivo de mi viaje a Canadá para conocerla. Desde entonces puedo decir que es mi Maestra de referencia, en la distancia; y sus libros, un faro con el que guiarme a través de la inmensidad de la vida. Rigor, disciplina, experimentación, dulzura, inteligencia, arte, conciencia… son palabras que la definen.
Annie Marquier es francesa, aunque reside en Québec, Canadá. Allí dirige desde hace 30 años el Instituto para el Desarrollo de la Persona, donde ayuda a las personas a elevar su grado de conciencia o, dicho de otro modo, a encontrarse a sí mismas.

web Instituto:
idp.qc.ca/html/el_instituto.html
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Como meditar en un minuto

¿Buscas alcanzar la meditación en un minuto? ¿Quieres meditar pero no tienes tiempo? En primer lugar, el tiempo es un factor bastante relativo en términos de espiritualidad. Pero, debido a qué, vivimos en épocas de aceleración constante y pocos momentos para encontrarnos con nosotros mismos, la meditación rápida puede ayudarnos a despejar nuestras mentes.

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Destiny es un cortometraje animado hecho por cuatro alumnos de la escuela francesa Bellecour Ecoles d’art: Fabien Weibel, Sandrine Wurster, Victor Debatisse y Manuel Alligné.

Es una historia llena de incertidumbre, muy bien narrada y animada que plantea diferentes cuestiones como el paso del tiempo, la posibilidad de cambiar nuestro destino, las obsesiones que nos impiden avanzar y la rutina que a veces puede volverse monótona.

Criemos a niños que no tengan que recuperarse de sus infancias

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Criemos a niños que no tengan que recuperarse de sus infancias

Definitivamente los hijos no llegan a los padres junto a un manual de instrucciones, la crianza dependerá en la mayoría de los casos de modelos vividos, de alguna información leída o escuchada y en uno de los mejores escenarios de la intuición.

Se presenta el dilema de experimentar en cuanto a la crianza de los niños, realizando un esfuerzo por respetar sus etapas, por ser lo más cuidadosos posibles o sencillamente montarse en la ola de los que argumentan ser personas de bien, luego de haber sido criados sometidos a castigos, golpes o cualquier tipo de autoritarismo.

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Es mucho más sencillo no nadar contra la corriente, seguir patrones que vienen repitiéndose de generación en generación, que dedicarse a hacer las cosas de una forma diferente, resulta más fácil, primero porque es lo que normalmente, sin mucha teoría y lastimosamente con mucha práctica, vivimos y porque hacerlo de otra manera requiere mucha más dedicación.

La crianza respetuosa se basa principalmente en la atención, en la empatía y principalmente en el respeto. Las acciones de los niños, encierran mucho más de lo que se ve, los niños están en un proceso de aprendizaje en donde no cuentan con muchos recursos para expresar sus emociones y si no los ayudamos a canalizarlas de una forma adecuada, sino que los reprimimos y maltratamos, estaremos generando en ellos un mal profundo.

Ser padres es una decisión y con ella debería venir el compromiso de hacerlo lo mejor posible y esto debe incluir romper paradigmas de ser necesario. Abrir los ojos en cuanto a lo que estamos haciendo y evaluar objetivamente nuestro rol en la vida de esos pequeños que dependen completamente de quienes lo han traído al mundo.

Existe una muy baja tolerancia a las acciones normales de los niños, a sus pataletas, a su llanto, a sus berrinches y muy poco interés en buscar el porqué  de esa conducta, solo se quiere salir de la situación incómoda de la forma más rápida posible y con los menores efectos colaterales, aunque esto represente aplicar la “autoridad” que se ha ganado por imposición y no por respeto y confianza.

Niños

Hay una brecha entre el respeto y el miedo, los hijos deben respetar a los padres, pero no temerles, el temor solo siembra falta de confianza, resentimiento y rebeldía en los niños. Cuando vemos un niño al que le hacen callar con una mirada, estamos viendo a un niño que probablemente no tenga ninguna libertad para expresar sus emociones, que ha sido reprendido de forma inadecuada y sencillamente tiene miedo a un castigo.

La presión social puede llevar a muchos padres a sucumbir al poco acompañamiento de los hijos  en sus etapas: Por qué llora tanto? Vas a dejar que haga ese berrinche? Si no le pones carácter va a ser contigo lo que quiera. Lo que está es manipulando. Yo en tu lugar ya le hubiese dado una sola nalgada. En fin, millones de comentarios y opiniones de los gurús de la crianza que no soportan ver a un niño manifestándose mediante a sus recursos en las edades que les corresponda.

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No se trata de reprimir al niño, se trata de entender el por qué está reaccionando de una forma particular y acompañarlo en el proceso, aunque esto signifique abrazarlo en medio de una pataleta. Mientras mayor es la comunicación con el niño, mientras más se le explica empáticamente lo que le ocurre es más fácil que aprenda a dar otro manejo de sus emociones.

Dediquemos a los niños el tiempo que merecen, actuemos como sus padres, sus cuidadores, aquellos que los pondrán sobre cualquier persona, respetemos sus etapas, el manejo de sus recursos y ayudemos a cambiar al mundo a través del amor y la tolerancia, no desde el miedo y la represión.

Visto en: http://rincondeltibet.com/blog/p-criemos-a-ninos-que-no-tengan-que-recuperarse-de-sus-infancias-19244