La venganza es amarga

La venganza es dulce. O al menos eso pensamos. Si nos han causado daño, la idea de vengarnos es atractiva. Creemos que nos sentiremos mucho mejor después de que esa persona “pague” por el daño que nos ha hecho. También creemos que la venganza nos ayudará a borrar el sufrimiento y a pasar página.
Sin embargo, Confucio dijo: “Antes de embarcarte en el viaje de la venganza, cava dos tumbas”, refiriéndose a que la venganza, no importa si la comemos fría o caliente, es un plato que nos puede indigestar.

La venganza es amarga

Para evaluar si la venganza realmente nos hace sentir mejor, psicólogos de la Universidad de Harvard y Virginia realizaron un experimento que consistía en un juego de inversión grupal. Si todos los participantes cooperaban, se beneficiarían por igual. Si alguien se negaba a invertir su dinero, esa persona se beneficiaría a costa del grupo.
Un psicólogo que infiltrado en el grupo, convenció a todos los integrantes para que aceptaran invertir pero luego, decidió no seguir el plan. Como resultado, ganó caso el doble que el resto. En fin, los engañó.
A continuación, a algunas personas les dieron la posibilidad de vengarse: podrían gastar parte de sus ganancias para castigar al desertor del grupo. Todos los que tuvieron la oportunidad de vengarse, aceptaron y predijeron que se sentirían mucho mejor después.
Sin embargo, los resultados mostraron que quienes se vengaron, terminaron sintiéndose peor que quienes no lo hicieron. Las personas que no tuvieron la oportunidad de vengarse dijeron que pensaban que se hubiesen sentido mejor teniendo esa posibilidad, pero los resultados de la encuesta los identificaron como el grupo más feliz. Ambos grupos pensaron que la venganza sería dulce, pero sus sentimientos demostraron lo contrario: la venganza los hacía infelices.

¿Por qué?

Los investigadores sugieren que el deseo de venganza en realidad no disminuye la ira sino que la aumenta porque nos sume en un bucle de pensamientos negativos. Cuando las personas no se vengan, tienden a trivializar el evento diciéndose a sí mismas que no era para tanto. Entonces les resulta más fácil olvidar y seguir adelante. Al contrario, cuando las personas se vengan, ya no pueden trivializar la situación sino que repiten lo ocurrido en su mente una y otra vez, por lo que terminan sintiéndose peor. En otras palabras: se convierten en prisioneros de la venganza.

Justicia no es sinónimo de venganza 

No es necesario sentirse mal cuando se activa nuestro instinto de venganza. Es normal que nuestra primera reacción cuando nos hacen daño, nos ridiculizan, humillan o engañan sea querer vengarnos. Esas emociones son perfectamente comprensibles, lo verdaderamente importante es saber gestionar ese deseo de venganza y no permitir que la ira tome el mando.

Cuando pensamos en vengarnos, paramos el reloj justo en el momento en que nos hirieron y, en vez de seguir con nuestras vidas, elegimos, más o menos conscientemente, dejar la herida abierta. Ese comportamiento no tiene mucho sentido ya que seguiremos haciéndonos daño. Es como tener una herida en una pierna y, en vez de preocuparnos por sanarla, asegurarnos de que se mantenga supurando. Por eso, el filósofo Francis Bacon dijo: “Una persona que quiere venganza, guarda sus heridas abiertas“.

Dejar ir el deseo de venganza no significa que las personas que hacen daño no deban asumir su responsabilidad, pero eso se llama justicia. La venganza es eminentemente emocional y está dirigida por la ira, el odio y el rencor, por lo que no solo nos corroe por dentro sino que puede llegar a hacer que nos apartemos de nuestros valores y principios. La justicia, al contrario, es un acto de vindicación, una acción meditada y coherente con el daño causado.

Por eso, cuando tengas ganas de vengarte, recuerda las palabras de Haruki Murakami: “Nada cuesta más y produce menos beneficios que la venganza”. La venganza no es dulce ni es un plato que se coma frío, más bien se trata de un bocado que sería mejor no probar porque una vez que lo consumes, no hay vuelta atrás y probablemente te indigestarás. La venganza no te convierte en mejor persona ni te permite crecer, al contrario, te arrastra en un vendaval de emociones. Por eso, es probable que al final no te sientas a gusto con la persona en la que te has convertido. Pero entonces ya será demasiado tarde.

Fuente:
Carlsmith, K. M., Wilson, T. D., & Gilbert, D. T. (2008) The paradoxical consequences of revenge. Journal of Personality and Social Psychology; 95(6): 1316-1324.
Visto en: https://www.rinconpsicologia.com/

 

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