El secreto de la felicidad

¿Por qué unas personas son más felices que otras? ¿Existe la “fórmula de la felicidad”? Creo que no exagero si digo que prácticamente todos hemos reflexionado acerca de esto alguna vez, pero… ¿realmente tienen respuesta estas preguntas?

Pues sí, para algunas personas la tienen. Y sí, para ellos existe una “fórmula de la felicidad”.

Realmente es posible aprender a disfrutar el momento y sacar lo mejor de él, a saborear las pequeñas cosas y a ser agradecidos por ellas, sin que lo que no se posee cause infelicidad.

Es posible disfrutar de verdad y encontrar la paz interior sin necesidad de salir de casa, ya sea preparando algo en la cocina o bebiendo una taza de té mientras se mira la vida pasar a través de la ventana, y da igual que se esté solo o en compañía.

Es decir, puede ser feliz convirtiendo la calidez de los mejores momentos en un verdadero estilo de vida.

Este confort no tiene nada que ver con el lujo, sino más bien todo lo contrario. La felicidad está en la sencillez y la comodidad, es decir, en una forma de entender la vida más simple, barata y práctica. Y esto es aplicable tanto a la ropa (esos pantalones viejos y ese jersey lleno de bolitas que siempre se pone para andar por casa y que tan a gusto le hacen sentir), como a la vida social (no hay nada mejor un picnic o una tarde en el parque con los amigos), el ambiente creado en nuestra propia casa (por ejemplo, logrando la iluminación adecuada y usando velas para dar intimidad…), etc.

Pues todo eso ya tiene un nombre, aunque no sea español: “hygge”.

Hygge (puede pronunciarlo como “jaigui”, “jiuga”, “jigui” o como quiera; lo cierto es que para nosotros resulta bastante impronunciable) es una palabra danesa sin traducción literal al español, pero que implicaría algo similar a “hogareño”, “casero”, “cómodo”, “íntimo” y “confortable” (o quizá todos ellos juntos, en una misma idea… ¿puede imaginarlo?).

¿Y por qué una palabra danesa?”, se estará preguntando usted. En los últimos años, diferentes rankings, entre ellos el último realizado por Naciones Unidas en 2016, han situado a Dinamarca como el país más feliz del mundo, y entender el porqué de esto se ha convertido en uno de los grandes cometidos de ese pequeño país nórdico; ¡hasta el punto de contar con un grupo independiente de investigación especializado en estos temas, el Instituto de Investigación sobre Felicidad! (1)


Su director, Meik Wiking, acaba de publicar en España su libro Hygge. La felicidad en las pequeñas cosas (descubre por qué los daneses son los más felices del mundo y cómo tú también puedes serlo), un completo y divertidísimo compendio de trucos, ideas y consejos para encontrar la felicidad en lo más simple y disfrutar de verdad de las cosas más sencillas de la vida (que son las mejores). (2)

Sin embargo, aunque esta “receta” para la felicidad parezca algo muy sencillo, la realidad no lo es tanto.

Detrás de los rankings internacionales se esconden factores sociales y políticos que explican por qué los daneses, pese a vivir en un país oscuro y frío la mayor parte del año, son más felices que los españoles, los italianos o los turcos, por ejemplo.

El hygge actúa en la pequeña escala, la individual, y permite percibir de otro modo los momentos en familia o que nos dedicamos a nosotros mismos. El hygge ayuda a disfrutar con lo más simple, siendo más feliz en el día a día, independientemente de los datos maroeconómicos o macrosociales. Es algo que no depende de las políticas de un determinado gobierno, sino de la actitud de una persona ante la vida. Y esa persona puede ser usted.

De todo ello (y del papel tan importante que juega la comida en la sociedad danesa, como verá más adelante), me he sentado a hablar -como no podía ser de otro modo, taza de té en mano- con el autor de este verdadero “tratado” sobre la felicidad, Meik Wiking, un danés orgulloso de llevar la felicidad por bandera.

¿Se puede medir la felicidad?

Para comenzar le planteé algo que llevaba días rondándome la cabeza, desde que leí el libro y profundicé en los estudios del Instituto danés de la Felicidad: “¿de verdad se puede medir la felicidad?”.

Wiking me miró serio, pero pronto esbozó una sonrisa y dijo con rotundidad: “¡Sí!”. “Por supuesto que es difícil”, continuó, “la felicidad es algo subjetivo. Pero como lo son otras muchas cosas que estudiamos: la depresión, el estrés, la ansiedad… Todas tienen que ver con cómo nos sentimos individualmente, pero se miden y cuantifican”.

Aunque, como es lógico, el estudio de la felicidad también atiende a indicadores objetivos clave, como las políticas públicas orientadas a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El Estado del Bienestar es fundamental para entender cómo es la sociedad danesa.

La sanidad universal, la igualdad entre hombres y mujeres, la educación gratuita, las pensiones… todos ellos garantizan que la calidad de vida sea muy alta. Es algo completamente lógico. Ahora bien, incluso ahí surgen dudas. Y si no, ¿por qué los daneses son más felices que la población del resto de países nórdicos?

Ésta, entre otras muchas, es una de las cuestiones que el trabajo de los investigadores en el Instituto de Investigación sobre la Felicidad trata de aclarar.

Pero, ¿qué es realmente el hygge?

Entonces, el ‘hygge’ es sólo una manifestación de la gran calidad de vida y la tranquilidad de la que gozan en su país”, apunté yo.

Él meditó la respuesta: “En parte sí. El ‘hygge’ tiene que ver con la igualdad, la calidad de vida, el disfrute de las pequeñas cosas y con tener un cierto nivel de bienestar que ya no es mejorable con más dinero. Gracias a las políticas correctas y las buenas condiciones de vida tenemos más tiempo para relajarnos y disfrutar en familia”.

El hygge nos invita a evitar las conversaciones conflictivas, olvidarnos de los problemas y de la realidad que nos rodea e incluso a recuperar la niñez pasando una tarde de juegos de mesa o yendo a hacer algo divertido al parque. Por supuesto, no es incompatible con afrontar discusiones sobre cuestiones trascendentales, “pero tener ganas de pasar un momento ‘hyggeligt’ es probablemente la mejor forma de evitar que se enquisten la discusión y la confrontación”.

El hygge también es gratitud. De hecho, la gratitud es una de las claves que explica la forma de entender la vida de los daneses. Para Meik Wiking, la gratitud ayuda a desviar la atención de la comparación negativa. “Se han hecho estudios científicos que demuestran que podemos entrenar nuestra mente para conseguir que preste cada vez más atención a cosas positivas”.

Y es que uno de los grandes problemas de la sociedad actual es la comparativa constante -a través de la televisión, la publicidad y hoy muy especialmente las redes sociales- con los demás, a los que consideramos mejores que nosotros, la cual nos lleva a poner el foco sólo sobre aquello que no poseemos. “En las redes sociales, por ejemplo, no nos damos cuenta de que la gente sólo comparte sus mejores noticias y momentos”. Es un poco absurdo creer que la vida de los demás es simplemente perfecta o por fuerza mejor que la nuestra, pero a veces es lo que terminamos haciendo.

Todo lo que la pantalla no muestra

Este fenómeno ha sido estudiado a fondo por el Instituto danés de Investigación sobre Felicidad. Un amplio estudio realizado por sus investigadores sobre el uso de la red social Facebook demostró que en sólo una semana sin utilizar esta plataforma “absolutamente todos los parámetros evaluados relativos a la calidad de vida y la felicidad mejoraron”. (3)

Y lo mismo ocurre con la televisión. El Instituto que dirige Meik Wiking realizó estudios para evaluar su efecto introduciéndola en pueblecitos en los que hasta el momento no contaban con ningún televisor. Y también ahí comprobaron que los niveles de felicidad bajaban tras su incorporación. No porque cambiasen las circunstancias vitales de los participantes, sino porque sus aspiraciones de repente se habían disparado.

El abuso del móvil y la fiebre por estar permanentemente “conectados” por supuesto también son un problema. De hecho, “aparcar” el teléfono para vivir plenamente cada momento es otra de las premisas del “manifiesto hygge”. “Es común que las familias danesas establezcan ‘normas internas’ sobre el uso del móvil, por ejemplo, obligando a apagar todos los teléfonos mientras pasan un rato juntos o durante la cena”.

El éxito de la “fórmula de la felicidad”

Llegados a este punto, usted quizá esté pensando que lo que nos propone el hygge no deja de ser una serie de consejos simples y totalmente lógicos con los que aprender a liberarnos y disfrutar más de la vida, y que quizá sea excesivo llamarlo “la fórmula de la felicidad”.

Pero es precisamente ahí donde radica el éxito del “fenómeno hygge” y del libro de Meik Wiking, que ya ha sido traducido a nada menos que 25 idiomas: la verdadera felicidad está en las cosas más pequeñas y cotidianas; sólo tiene que aprender a disfrutarlas.

No se trata de adoptar actitudes o hábitos fuera de lo común, sino de que sea capaz de lograr el bienestar con el disfrute de las pequeñas cosas que lleva teniendo al alcance de la mano toda su vida, pero que las prisas, las angustias y los quehaceres nunca le han dejado disfrutar. ¡Es hora de hacerlo!

¿Cómo de felices somos los españoles?

Si a usted le preguntasen cómo de feliz es, en un baremo del 1 al 10, ¿qué respondería? ¿Y se sentirían felices sus familiares y amigos? Quizá le sorprenda, pero España ocupa el puesto número 37 de un total de 127 países en el ranking mundial de felicidad. “¡Eso está muy bien!”, celebra Wiking, aunque reconoce que nuestro país no está exento de desafíos, como todos, al fin y al cabo. (4)

Uno de los mayores desafíos de España es la cantidad de horas que la gente dedica al trabajo, y las dificultades para compaginar la vida laboral y familiar que eso conlleva”, resume el autor. Precisamente, algo que me sorprendió mucho es la ínfima extensión de la parte dedicada en el libro al hygge en la oficina. ¡Apenas ocupa un párrafo! Pero está claro que en Dinamarca, un país donde la norma es salir del trabajo a las 16:00 horas (quien tiene hijos), o en su defecto a las 17:00 horas (quien no los tiene), a la gente lo que realmente le interesa es disfrutar del tiempo libre.

Todos los países afrontan desafíos. Lo importante es no ver en ellos escollos insalvables, sino perspectivas de futuro hacia las que dirigirse y perseverar. “Como en su momento tocó a Dinamarca”, reconoce el autor. “Hoy día muchos daneses sólo se mueven en bicicleta, pero por supuesto llegar ahí ha requerido mucha inversión y décadas de trabajo”.

La correlación que existe entre felicidad e igualdad es clara. “La igualdad entre hombre y mujeres, por ejemplo”, señala Wiking, “no sólo hace más felices a las mujeres. Los hombres también son más felices en sociedades igualitarias”. Pero, por supuesto, la igualdad económica tiene un peso determinante.

Lo realmente fantástico de Dinamarca es que incluso si perdiera mi trabajo y todo mi dinero, seguiría teniendo una gran calidad de vida. El dinero no tiene tanta importancia porque ya existe una gran calidad de vida. Y esto por supuesto también es disuasorio contra robos y otros delitos”.

La igualdad es un factor clave para explicar por qué un país es más feliz que otro. Otro de esos factores (aunque hay más) es la corrupción. Sentir que los impuestos son una inversión real en la calidad de vida del conjunto de la sociedad y tener claro el retorno que se recibe de ellos es muy importante. Si esto sucede, la mayoría de la población estará a favor de pagarlos.

Los genes de la felicidad

Quizá le sorprenda saberlo, pero la genética también tiene mucho que ver con la felicidad.

Aun así, aunque el componente genético exista, el estudio de los genes no puede explicar por qué existe tan alto nivel de felicidad en unos países y tan bajo en otros. Ahí entran las políticas adoptadas, el papel del Estado del Bienestar…

Al abordar esta cuestión, Wiking sacó un papel de su bolsillo y me mostró un esquema con dos columnas hecho a mano: “Aquí está la genética (señaló a la izquierda) y aquí las políticas y el comportamiento (a la derecha). Nosotros estamos interesados en estos dos últimos componentes y en cómo interactúan entre ellos, porque preferimos centrarnos en las cosas que podemos cambiar”.

Lo que también ocupa al Instituto de Investigación sobre la Felicidad es la importancia de la salud física en la salud mental, así como entender qué es lo que desencadena los trastornos mentales o conduce a la infelicidad y cómo se puede mejorar la situación. Los investigadores (y afortunadamente cada vez más instituciones) tienen claro que tener una buena calidad de vida no es sólo no estar enfermo, sino también sentirse bien, pleno.

Los daneses, ¿“obsesionados” con los dulces?

En un giro de nuestra conversación confesé a Wiking que me había sorprendido lo que parece una verdadera “obsesión” de los daneses por los pasteles y los dulces. ¡Cualquiera que lea su libro puede pensar que no comen otra cosa!

Lo cierto es que pareció hacerle mucha gracia la cuestión.

¿Quieres que hablemos de por qué no somos obesos a pesar de comer tantos dulces?”, me dijo divertido. “Es cierto que comemos muchos pasteles, pero esa es sólo una parte de la ecuación. En la otra parte está la cantidad de ejercicio que hacemos diariamente”.

Las ciudades danesas están pensadas para desplazarse en bicicleta o andando. “Yo no tengo coche porque no lo necesito; voy en bici a todas partes. Y más del 50% de la gente que vive en Copenhague se mueve en bicicleta. Ese es el tipo de accesibilidad que hay que fomentar”.

Wiking me explicó que había realizado un cálculo y que desplazándose en bicicleta a diario podía quemar cerca de 1800 kcal a la semana, aproximadamente. Dependiendo de las calorías que consumamos al día (un adulto ronda las 2000 kcal diarias), “ir en bicicleta a todas partes sería casi como hacer un día de ayuno a la semana”.

Lo cierto es que el culto a la comida del hygge va muchísimo más allá de los dulces.

Alcanzar la armonía individual sin duda va ligado a la apuesta por modelos sostenibles y, por lo tanto, es indisociable del consumo de productos de temporada (¡ni que decir tiene que mucho más saludables!).

Pero también al slow food, al disfrute de las comidas en buena compañía y al placer de cocinar los alimentos uno mismo y de pasar ratos agradables preparando las recetas de toda la vida o deliciosas conservas para guardar durante una buena temporada.

Una de las grandes propuestas del libro es crear un “club gastronómico” con un grupo de amigos o familiares. Sólo se necesitan conocimientos culinarios básicos y ganas de participar. Y es que la cena ideal de los daneses es aquella en la que todos colaboran en la preparación de los platos. En una verdadera cena hygge no hay ni anfitriones estresados ni invitados apoltronados en el sofá a la espera de que llegue la comida. ¡Todo es trabajo en equipo!

Fuentes:

  1. Dinamarca quedó de nº1 en el Informe Mundial de la Felicidad de 2016, de nº 3 en el Informe Mundial de la Felicidad de 2015, de nº 1 en el Índice para una Vida Mejor- Satisfacción ante la vida (OCDE) de 2015, de nº1 en la Encuesta Social Europea de 2014; etc.
  2. Meik Wiking. “Hygge. La felicidad en las pequeñas cosas”. Libros Cúpula. 2017.
  3. The Facebook experiment. The happiness research institute. Dinamarca, 2015.
  4. Ranking of Happiness 2013-2015. Earth Institute & Columbia University. “World Happiness Report 2016”.
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